
El programa de Residencia por Inversión en la República Dominicana permite a los ciudadanos extranjeros obtener la residencia permanente de forma acelerada mediante la inversión de capital en el país. El trámite es gestionado por la Dirección General de Migración (DGM).
Lo que distingue al mercado dominicano de otros destinos del Caribe es su arquitectura de incentivos fiscales. Mediante la Ley No. 158-01 sobre Fomento al Desarrollo Turístico (CONFOTUR), compilada por la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo y fiscalizada por el Ministerio de Turismo (MITUR) en coordinación con la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), los adquirentes internacionales disfrutan de un escudo fiscal del 100 % que elimina los gravámenes de adquisición y posesión patrimonial hasta por quince años.

Su inversión en República Dominicana, convertida en residencia permanente

La vía preferente para el otorgamiento de la residencia se instrumenta a través de la Ley 16-95 de Inversión Extranjera Directa, articulada institucionalmente por ProDominicana (Centro de Exportación e Inversión).
Compra de bienes raíces titulados por un valor mínimo de US$ 200,000. La operación requiere el Certificado de Título emitido por el Registro Inmobiliario y la constancia de transferencia bancaria internacional de divisas.
Capital no inferior a US$ 200,000 dentro del capital social suscrito y pagado de una empresa dominicana ya registrada, o constitución de una nueva compañía dotada de ese capital social.
Depósito de capital en certificados de inversión o bonos de deuda pública autorizados por la Superintendencia del Mercado de Valores y canalizados a través del sistema bancario regulado.

El sector de bienes raíces dominicano se ha consolidado como uno de los destinos más atractivos para el capital internacional en las Américas: una economía dolarizada en las principales transacciones turísticas, rendimientos por alquiler (cap rates) que oscilan históricamente entre el 7 % y el 12 % anual en polos de alta demanda y un marco legal que garantiza el derecho irrestricto de propiedad a los extranjeros.
Lo que distingue al mercado dominicano de otros destinos del Caribe es su arquitectura de incentivos fiscales. Mediante la Ley No. 158-01 sobre Fomento al Desarrollo Turístico (CONFOTUR), compilada por la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo y fiscalizada por el Ministerio de Turismo (MITUR) en coordinación con la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), los adquirentes internacionales disfrutan de un escudo fiscal del 100 % que elimina los gravámenes de adquisición y posesión patrimonial hasta por quince años.
Se omite el período ordinario de cinco años de residencia temporal y se obtiene un carnet válido por cuatro años.
Tramitación preferencial coordinada a través de la Ventanilla Única de Inversión de ProDominicana.
Posibilidad de solicitar la nacionalidad dominicana tras solo seis meses de residencia definitiva, sin renunciar a la ciudadanía previa.

Control total desde cero, aunque requiere agotar primero la etapa de estructuración legal corporativa.
Suele ser más rápida operativamente si desea integrarse a un negocio en marcha o realizar una fusión o adquisición.

La República Dominicana ofrece múltiples oportunidades de inversión gracias a factores que han elevado su competitividad y la convierten en un destino integral para los negocios.
En el centro del Caribe, el país es un punto de enlace comercial entre Europa, Norteamérica y el resto de Latinoamérica, con acceso preferencial a más de 1.200 millones de consumidores mediante el DR-CAFTA (Estados Unidos y Centroamérica) y el Acuerdo de Asociación Económica (EPA) con la Unión Europea.
Un gobierno que favorece la inversión extranjera directa (IED) ofrece seguridad jurídica y un conjunto de incentivos y exenciones fiscales que garantizan mayor rentabilidad a las inversiones.
Aeropuertos y puertos modernos y eficientes, una de las mejores redes de carreteras de la región y una avanzada infraestructura de telecomunicaciones. Según el Reporte Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, el país ocupa el primer lugar de la región en infraestructura de transporte.
La seguridad jurídica, el dinamismo económico y el atractivo clima de negocios hacen del país el destino por excelencia de la región para atraer inversión extranjera directa y una de las economías más vibrantes de Latinoamérica y el Caribe.
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